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Siempre la vida nos sorprende si mantenemos los ojos de niña. Ayer fui en tren a la Misa del Peregrin@ de las 12 a Santiago de Compostela y, sin saber, pusieron el Botafumeiro. Es la segunda vez en mis 56 años que lo veo en acción, con toda su maravillosa parafernalia, a la que asistí en todo momento porque tuve que esperar más de una hora para el oficio, había límite de aforo y hubo que entrar con antelación para ocupar sitio. Decía que es la segunda vez que veo el Botafumeiro en activo, que yo recuerde, quizá alguna más de niña y adolescente, y he visitado tropecientas más la majestuosidad de nuestra Catedral gallega.

Me emocioné en distintos momentos, antes, durante y después de la celebración. Uno especial, fue cuando presentaron al obispo del oficio, José Prieto, así se llama también mi papá. Después cuando llegué a casa, busqué información en internet y resulta que se llama Francisco José Prieto Fernández. No sólo igual que mi padre, también igual que mi abuelo materno, Francisco Prieto, y que mi bisabuelo paterno, Francisco, me recordó Laura, mi tía, al contarle. Como acostumbro a decir en mis talleres y escritos, la realidad siempre supera con creces a la ficción, siempre.

Otra, cuando él saludó a los peregrin@s de los distintos países europeos, de Asia, América, África, Oceanía en sus respectivas lenguas. Sentirme rodeada de todas estos verbos andariegos, además de un privilegio para mí, es una Bendición.

Por ello Gracias & Gracias

Comí al salir en el restaurante Obradoiro, justo al lado de la plaza homónima, en la Rúa Raxoi 2.

Exquisita la comida casera y el trato de Juan y la hacedora de los mejillones

Antes del oficio, preparación del Botafumeiro
Sin palabras cómo suena

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