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Esta tarde que tembló Galicia, y yo lo noté especialmente, me hizo recordar una conversación que tuve hace un tiempito con una persona amiga. Le decía que yo cuando era joven, dentro de mi carácter utópico y mi ego de artista, creía que podía salvar el mundo. Después, poco a poco, me fui enterando que si acaso me salvo yo, y no de lo otro o de los otros y otras, si no de mis propios demonios y fantasmas, si acaso.

Y de las otras, cada vez me doy más cuenta, que prefiero a las sinvergüenzas y a las sin vergüenza, a éstas se las ve venir.