Seleccionar página

miércoles, 28 de junio de 2017

Mi mini casa, desbordes y recuerdos

Como ya comenté, el lunes instalaron el panel solar. Me quedé trabajando en casa. Primero fui a hacer unos recados. Unas compras a una librería, a visitar a Edith para comentarle que me tengo que ir de aquí en un par de días, si seguía en pie su oferta de arriendo de una pieza en su casa. A la oficina de correos, en la calle Gustavo Le Paige, justo enfrente del que en su día fue el museo arqueológico del jesuita y hoy permanece cerrado y en derribo. Le fui a enviar unos dibujos y carta a Sabela, mi sobrina. Charlé un rato con el señor que atiende la oficina, simpático el hombre. Me sugirió hacer una crónica sobre él. Tal vez. Estaba pintando la fachada que da a la calle de blanco. Y después me pasé por el camión celeste para que no le cueste a por unas frutas, huevos y nueces.

Me da cosa dejar esta mini casa. Una habitación salón cocina, con un pequeño baño. La cocina es una silla con su mesa, blancas ambas, una cocinilla camping gas encima y 4 enseres contados, una olla, una sartén, tres platos, llano, hondo, de postre, una taza blanca de café con su platillo, un tazón, y un servicio de cubiertos. No necesito más. El salón otra mesa, más pequeña, con un mantel de fondo beis y motivos atacameños en distintos marrones. Me resulta motivador, a pesar de que lo tengo rebosando, mapas, revistas y folletos informativos, boletas, tarjetas, cuadernos, un Quijote de bolsillo, otros libros, la concha de vieira, base de las velas, una crema lechuga, de manos, muy popular en Chile. Un estuche, los cargadores, buff, caray

D

E

S

B

 O

R

D

Ó

Decía, antes del desbordamiento, que me da lástima dejarla porque es la primera vez en mucho tiempo que vivo sola. Lo necesitaba, después de convivir en habitaciones compartidas desde con otra persona hasta con ocho. Así es la vida real del viajero, no la que idealizamos.

El lugar en sí es acogedor y totalmente nuevo. Con dos amplias ventanas con marcos de madera. Calentito, le da el sol desde que amanece. La cama muy cómoda, con colchón y ropa que estrené yo. Tengo bastante patio para salir a lo que se me antoja y para ver las estrellas por la noche. Se distingue perfectamente la vía láctea ahora que estamos en luna menguante. Como es zona en construcción aún está sin urbanizar y no hay farolas. La desventaja, en esta época que oscurece pronto, que no me gusta llegar más allá de esa hora. Los perros callejeros normalmente son pacíficos y saludables, aunque por la noche se vuelven más territoriales, como ya tuve algún susto sustoso me tomo mis precauciones. También hay otros de tres patas, no canes, que por las noches se vuelven un tanto lobos, con perdón de los lobos, a los que amo. Mi apellido, Gondulfes, significa precisamente eso, tierra de lobos. Y, sí, donde yo nací y me crié antes de que casi se extinguieran hacia los años setenta del siglo pasado, era un lugar abundante en animal tan mítico y precioso.

Hablando de estrellas más arriba recordé mi paso por la Serena y el Valle del Elqui, en la región de Coquimbo, en el pasado abril. Fueron 5 días nada más que me alojé en una  casa compartida, de Rubén, a través de una página de internet. Pocos para empaparse de la magia del Valle regado por el río Elqui, confluencia de otros dos, el Claro y el Turbio. Lo que más me llegó de día, además del viaje en bus bordeando el embalse Puclaro, hasta llegar a Vicuña, lugar de nacimiento de Gabriela Mistral, fue otear toda esa frondosidad de viñedos y árboles frutales… y después la visión de los cerros pelados hasta llegar a Pisco. Es una imagen cautivadora. No me extrañan los versos de la grande con tal cuna.

En toda la zona cultivan mucha uva de mesa para exportación y producen harto pisco.

Viendo todo esto se me ocurrieron estos versos

Pienso luego no vivo

Siento, camino

Entonces, sí, Vivo

_escribo_

#nadarediciones #deshilachandobanderas #sabelagondulfes #literaturadeviajes